Pamplona

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24 de agosto | 22:30 h | Palacio de Navarra

Rafael Riqueni

La sonanta de Rafael Riqueni, ante todo, cuenta. Coloca la música por delante de la técnica y crea, si es preciso, nuevos acordes para transmitir el mensaje. Su discurso es un despliegue de la emoción que se escapa de los pentagramas. El alma desdoblada en trémolos. Parpeos y fuentes, sonidos de rocas con texturas inventadas. También calles que transitan una memoria por siempre compartida.

Este flamenco de Triana se marchó a la música clásica a beber. Y entre las falsetas del Niño Ricardo y la belleza de Isaac Albéniz encontró su justa medida. Es uno de los guitarristas más importantes de las últimas décadas. Su obra, un Guadiana de idas y vueltas sin adornos superfluos, alberga un legado que en álbumes como ‘Juego de niños’, ‘Alcázar de Cristal’, ‘Maestros’, ‘Parque de María Luisa’ y su más reciente ‘Herencia’ presume de creatividad. Pura elocuencia musical cuya precocidad le hizo codearse con los mejores desde el comienzo: de Martirio a Morente pasando por Isabel Pantoja y un largo etcétera. 

Promete, por tanto, un derroche de intimismo en la nocturnidad. Viejas fragancias de veranos que no se han ido, flores y efluvios de heridas que nunca tratan de esconderse.