Ver bailar a Farruquito es ya un espectáculo en sí mismo, pero cuando viene acompañado de los suyos en un mismo espectáculo se crea un espejismo del propio Farruco, puede reconocerse en los movimientos y desplantes de sus herederos.

El baile inconfundible de la saga levantó al público de sus butacas ante tal derroche de arte y pureza. Una suerte poder haber disfrutado de la más conocida dinastía bailaora en Pamplona.

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Foto: Javier Fergo para Festival Flamenco on Fire.