Tras el preludio del ciclo ‘F de On Fire’, la sexta edición del festival dio comienzo este martes 20 de agosto con el homenaje a la campana Gabriela por su 500 aniversario en la catedral Santa María La Real, el inicio de la masterclass de Faustino Núñez y los espectáculos de Rancapino, Sara Baras y Rancapino Chico.

©Javier Fergo

Mientras en Casa Sabicas se brindaba con vermut, en la capilla de música de la catedral se interpretaron las tres invocaciones del Ángelus, que aluden precisamente al arcángel San Gabriel en su saludo María. En concreto, cada invocación del Ángelus —combinada con la campana Gabriela— se cantaron en las tres lenguas oficiales de la liturgia de la Diócesis de Pamplona: en latín, en castellano y en euskera.

Para luego, acto seguido y al compás del yunque, que dos de los integrantes de la mítica banda Ketama (Josemi y Juan Carmona), abrieron paso al cante de David de Jacoba y Rancapino Chico por martinete. Un cante que se inició al calor de las fraguas gitanas de Cádiz, Jerez y Sevilla, y que resonó por las calles de la capital pamplonesa en honor a la Campana Gabriela.

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Ya a la tarde, tras el homenaje a la campana Gabriela, el festival continuó con la masterclass que impartió Faustino Núñez sobre las claves musicales del flamenco, entre las 17:00 y las 18:30 horas en Civican (Fundación Caja Navarra).

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Y a la media hora de que terminase la primera clase del taller del maestro Faustino, este mismo espacio acogió el cante del chiclanero Rancapino, heredero del cante de Manolo Caracol y Aurelio Selles, y el que inauguró el ciclo ‘Generaciones, mitos y promesas’.

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Finalmente, la primera jornada acabó con dos espectáculos que colgaron el cartel de «entradas agotadas»: el espectáculo ‘Sombras’ de la bailaora Sara Baras en el Baluarte y ‘Por mi amor al arte’, un espectáculo que simula y reproduce una nueva versión del último trabajo disco-gráfico de Rancapino Chico, en el hotel Tres Reyes.

Cada instante del espectáculo de la bailaora isleña está hecho de experiencias, vivencias y sobre todo de verdad. Una verdad que hace del baile de Sara una experiencia única e inolvidable. Y Rancapino Chico, se arrancó por alegrías, fandangos, seguiriyas, bulerías, soleares, tangos, y una zambra. Palos con los que invitó al público a formar parte de su espectáculo.

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